
Osvaldo Bossi recurre otra vez a su mitología barrial para hablarnos de su madre, de su padre, de los changarines, de Raulito Lemos. Pero esta vez los poemas se repliegan un poco y narran los avatares de su experiencia poética. Reflexionan sobre los actos de escribir y leer. Esas experiencias revelan cómo las palabras pueden deslizarse en el agua y de qué modo los vocablos se desvanecen y, repentinamente, pueden reaparecer sin dejarse aferrar del todo.
Cuando yo era poeta nos permite reconocer, una vez más, que el poema nunca es un instructivo ni un esquema abstracto al cual rellenar mediante sumisa aplicación.
Carlos Battilana